Ataque de pánico: síntomas y tratamiento

Un ataque de pánico se produce como resultado de una situación crítica en la que la persona sufre un intenso grado de angustia y ansiedad acompañado de ideas aterradoras, sobre las consecuencias que pueden derivar de una circunstancia puntual de peligro. Desde Patricia Garzón Psicólogos Sevilla, en el post de hoy nos adentramos en uno de los problemas más comunes en nuestra sociedad.

Por lo tanto, un ataque de pánico es una reacción emocional y orgánica natural cuando las personas se encuentran en escenarios críticos reales, como puede ser la cercana presencia de un tiburón mientras se está nadando en el mar, el hecho de que alguien nos amenace con un arma, o el miedo desencadenado al quedar encerrado durante cierto tiempo dentro de un ascensor en la planta número veinte de un edificio.

El problema surge cuando, sin que exista una causa objetiva real, se reproducen las mismas sensaciones de agobio, ansiedad y angustia, pero sin que nada pase realmente en el entorno, por lo que las sensaciones físicas que se experimentan hacen pensar que se va a morir de forma inminente, produciendo síntomas físicos, que hacen creer a quienes padecen un ataque de pánico, que están sufriendo un infarto, una embolia o un colapso respiratorio.

El trastorno de pánico, es mucho más común de lo que se puede imaginar, e impide a muchas personas realizar actos cotidianos tan sencillos como salir de casa, pasear tranquilamente por la calle sin sensación de amenaza, frecuentar lugares públicos como el transporte en metro, realizar compras en un centro comercial o ir al cine.

Quienes sufren este tipo de trastornos, además suelen padecer otros problemas psíquicos, por lo que casi siempre depresión, ansiedad y ataques de pánico suelen ir asociados.

También el consumo abusivo de determinadas sustancias como alcohol o drogas, favorecen la aparición de ataques de pánico.

¿Por qué se producen los ataques de pánico?

En algunas personas se produce una activación de los mecanismos naturales de alarma, con la correspondiente alteración del sistema nervioso, provocando crisis de pánico, en situaciones que no requieren de este tipo de respuesta, por no existir ningún tipo de “peligro real”.

Frente a un 30% de hombres que padecen este tipo de trastorno, el 70% de quienes acuden a la consulta psicológica por un ataque de pánico, son mujeres.

Por lo que se conoce hasta el momento el trastorno de pánico, deriva de una predisposición física, unida habitualmente a determinados contextos personales que producen una sensación de saturación de las fuerzas físicas y psíquicas para encajar circunstancias traumáticas, como puede ser un divorcio, la pérdida de un hijo, graves problemas económicos, u otras similares, asociadas a depresión y gran ansiedad.

Por lo tanto un ataque de pánico se relaciona con un intenso nivel de ansiedad, que degenera en  taquicardia, dificultad respiratoria, vértigo, rigidez de la nuca, y otros síntomas que a su vez intensifican la ansiedad más aún, al pensar que realmente se está ante síntomas que desencadenarán una muerte inmediata.

Aunque también se diagnostican los ataques de pánico en niños, este tipo de trastornos son más frecuentes en personas a partir de los 25 años.

ataque de pánico

Síntomas de un ataque de pánico

Reconocer los síntomas de ataques de pánico te puede ayudar a buscar terapia psicológica para disminuir sus consecuencias y mejorar tu calidad de vida.

Para poder establecer un adecuado diagnóstico y confirmar que se padece el trastorno de pánico, es necesario que al menos confluyan cuatro de los síntomas tipificados como más habituales entre los cuales están: fuerte sudoración, sensación de desmayo, mareos, temblores o entumecimiento de manos, brazos y piernas, dolor en el pecho, debilidad, sensaciones de hormigueo, dificultad para tragar, náuseas, respiración acelerada, taquicardia, visión borrosa, sensación de irrealidad, rigidez de nuca e incluso miedo a volverse loco.

En muchos casos, tras acudir a urgencias con algunos de los síntomas descritos, pensando que se está frente a un infarto o situación similar y después de realizar las pruebas habituales en estos casos, se concluye que las manifestaciones físicas que ha padecido la persona se deben a un gran estado de ansiedad generalizada y se deriva a la consulta de salud mental.

En el ataque de pánico a la vez que se dispara la alerta automática que predispone una tensión incontrolable del sistema nervioso con cambios de los ritmos de muchos puntos del organismo, el malestar físico percibido deja una profunda huella en la memoria de quienes lo han padecido, y que describen con sentimientos de máxima impotencia, miedo a perder el control y enloquecer, sensación de paralización, bloqueo y miedo a una muerte inmediata.

Tras sufrir un ataque de pánico, los pacientes suelen cambiar ciertos hábitos de vida en un intento de que no se vuelva a repetir esa situación en la que tanto han sufrido, ya que algunas personas con el simple recuerdo, comienzan a experimentar nuevamente los mismos síntomas. Es decir, se crea una fobia a raíz de ese suceso negativo y a partir de ahí tiende a generalizarse a más situaciones.

Aunque cada persona puede presentar unos síntomas ataque de pánico específicos, existen determinados perfiles sintomáticos reconocibles en la mayoría de casos y que se centran en las áreas neurológica, gastroenterológica, neumológica y cardiológica.

¿Qué hacer si encuentras a alguien en esta situación?

Si te encuentras frente a alguien conocido o desconocido que está sufriendo un ataque de pánico, tras preguntar qué le pasa, debes medir la forma de acercamiento y contacto. Frente a una crisis de angustia, hay que hablar muy suavemente y utilizar frases tranquilizantes que expliquen a la persona que pronto se sentirá mucho mejor.

Es fundamental avisar a los servicios de emergencia de salud, ya que como hemos comentado estos ataques de angustia, pueden presentar síntomas similares a los de un infarto u otras patologías extremas.

También es bueno ayudarle a controlar la respiración y la ansiedad generalizada, pidiéndole que tome profundamente aire por la nariz y lo suelte despacio por la boca, contando en voz alta cada respiración, para conseguir que se concentre en éste acto, reduciendo el ritmo cardíaco y respiratorio poco a poco.

Si la persona presenta una sudoración excesiva y sensación de intenso calor, se puede intentar paliar la situación con su permiso, aplicando agua fría en la nuca, cara y cuello, para reducir parte del cuadro de ansiedad. Y por supuesto si vas a intentar ayudar a alguien que sufre un ataque de pánico, mantén tu propia calma en todo momento.

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¿Se puede tratar el trastorno de pánico?

Una vez establecido un diagnóstico médico y psicológico para determinar que la persona padece un trastorno de pánico, una vez que se descarta que los síntomas no se corresponden con enfermedades relacionadas, ni con el consumo de sustancias estupefacientes, se pueden aplicar tratamientos combinados para reducir y evitar la ansiedad y los ataques de pánico.

  • Tratamientos con psicoterapia, entre cuyos métodos la terapia cognitivo conductual es una de las más empleadas en la consulta de muchos psicólogos, por sus buenos resultados, y que aportan métodos para saber cómo superar los ataques de pánico sin medicación.
  • Tratamientos con fármacos ansiolíticos y antidepresivos que siempre deben estar prescritos por un psiquiatra que marcará las pautas en el tratamiento, y realizará las revisiones que correspondan, para controlar la ansiedad generalizada. Teniendo siempre en cuenta que los medicamentos en estos casos sirven para calmar los síntomas de forma puntual, pero no son necesarios ni solucionan el problema para que no vuelva a ocurrir.

 A través de varias sesiones, el psicólogo ayuda a su paciente a enfrentarse a las situaciones temidas utilizando recursos que reduzcan la ansiedad, y facilitándole herramientas para enfrentarse y saber cómo superar los ataques de pánico, que se pueda llegar a generar posteriormente, ya que al tener un carácter espontáneo, no son predecibles, pero si minimizables cuando se recurre a la ayuda psicológica, que con adecuadas terapias pueden desparecer.

La comprensión y el apoyo emocional, resultan fundamentales para las personas que padecen este y otros tipos de problemas como el trastorno de ansiedad generalizada. Las técnicas de relajación tradicionales como la meditación, el yoga o el mindfulness, también pueden ser un complemento muy interesante para mejorar el estado de calma cotidiana, reduciendo los niveles de ansiedad y ataques de pánico.

En cualquier caso, lo peor que se puede hacer tras sufrir un ataque de pánico, es recurrir al uso de psicofármacos de forma abusiva e indiscriminada, y encerrarse entre cuatro paredes para evitar el temor a que la situación vuelva a repetirse, porque con ello la persona se encierra en un círculo de ansiedad crónica.

Con una adecuada ayuda psicoterapéutica y voluntad, se puede superar el trastorno de pánico y otros relacionados como la agorafobia, encontrando y solucionando otra serie de trastornos que habitualmente están en la base que origina un ataque de pánico.

Si sufres habitualmente de un gran estrés y ansiedad, y estás buscando psicólogos en Sevilla, te invitamos a solicitar una primera cita